Dios no juega a los dados; pero sí podría usar Blockchain y pagar en bitcoin

por | 14/Oct/2017 | Actualidad

El día de ayer tuve la grata oportunidad de asistir a una actividad sobre economía digital y el Bitcoin, tema al que últimamente no solo yo y allegados, sino que al parecer buena parte de sectores de la población mundial le hemos dedicado algunas horas de investigación. Y es que cada vez que nos adentramos más en el estudio de este acontecimiento de tan importancia, es imposible dejar de sorprendernos más su influencia en todos y cada uno de los aspectos de la vida del hombre, a lo que podemos desde ya afirmar como otros ya han avisado que habrá una historia del humanidad antes y después de este fenómeno, ya que afecta todas y cada una de las ramas del conocimiento humano.

 

Lo primero que debemos tener en cuenta y advertir antes de ahondar en nuestras reflexiones, es que cuando hablamos del bitcoin, a lo menos que hemos de referirnos y dirigir nuestra atención, es que representa una suerte de “moneda” y que tiene un determinado valor, más o menos, variable respecto de las monedas tradiconales y que en las últimas semanas ha experimentado un impresionante incremento de su valor como jamás producto, o “moneda” alguna ha experimentado antes en la humanidad, incluso, pese a duros ataques en todas partes del mundo y por cualquier cantidad de sectores, lo que ha dado lugar a afirmaciones sobre que todo ello es una burbuja financiera o una gran estafa.

 

Y es que claro que la apreciación del fenómeno bitcoin tiene una gran apreciación desde ese aspecto como lo es el económico y financiero por servir de vehículo de ahorro, de inversión, de pago o emprendimiento, que es lo que más va a llamar la atención a la población general, pero aunque no lo queramos, o estemos en capacidad de entender aún, el bitcoin como pretendida “moneda”, y sus pretendidos efectos como tal, es lo menos importante, incluso hemos observado situaciones tan pedestres que reducen la concepción del bitcoin a la idea de basta que se conecten unas maquinitas para crear una “moneda virtual” y que luego se cambian por “dinero verdadero” y de esa manera mantenerse al margen de políticas cambiarias, lo que en efecto puede ocurrir, o que tiene como finalidad principal la de mantener el anonimato de los usuarios para lavado de dinero o comisión de hechos delictivos, pero ello es una postura demasiado pedestre y básica y no nos desgataremos en esta ocasión sobre estos asuntos, que no obstante bien vale también estudiar en otra ocasión.

 

El fenómeno bitcoin es de tal importancia, que el acercamiento hacia el tema puede hacerse desde cualquier área del conocimiento, en el particular caso, desde el contenido y alcance de los derechos y libertades fundamentales, con mayor especificidad desde el derecho constitucional y los límites al ejercicio del poder, que en eso ha de consistir una Constitución, no al contrario, como instrumento para su ejercicio, como suelen hacerlos los sistemas tiránicos y sus ponerófilos.

 

A los fines de afianzar los conocimientos e ideas sobre el tema desde el derecho constitucional y filosofía política sobre la idea del bitcoin, y más específicamente del blockchain, en cuanto a restar a los estados la exclusividad de funciones que antes se creían que eran imposible, desde la de dar fe pública de documentos, en su fechas de suscripción y contenido haciéndolos inalterables, ejecución de garantías sin la participación de un juzgado, hasta algo como que puedan emitir moneda, por lo menos en los términos tradicionales como las conocemos; así fue que coincidimos esta vez, con otros profesionales y académicos tanto de ciencias sociales como la economía, pero también de la computación, sistemas, blockchain, internet de las cosas, matemáticas, entre otros; áreas del conocimiento que difícilmente encontrarían una situación común en la que pudieran discutir y nutrirse de las experiencias de los otros, ya que, a menos que todos hubiésemos tener un amigo en común y asistiésemos a su boda, lo cual hubiese sido estadísticamente imposible, aunque no para el sistema blockchain.

 

Uno de los temas de mayor atención y que sin duda alguno me hizo brotar grandes reflexiones, fue haber “medianamente” comprendido cómo puede el propio sistema autorregularse y auto adecuarse en la tarea de procesamiento y capacidad computacional (Hash power) de cada una de los mineros que aportan al sistema y la forma en que se crea o genera regularmente cada bitcoin, desde el primero hasta el último previsto por el propio sistema hasta que se alcancen los 21 millones estipulado y la tasa de asignación, primero 50 por bloque, luego 25, y así cada vez menos (Halving), bloques y su contenido que hoy en día es imposible pensar que puedan ser vulnerados, alterados, intervenidos, prácticamente indestructibles y  previstos para durar hasta la eternidad,.

 

La grandeza del sistema, y nuevamente es de advertir, no desde la básica idea del bitcoin como simplemente una moneda, y he allí también, por qué me he referido del mismo más bien como “meta-moneda”, es que mientras a la vez es de acceso público, mantiene la privacidad de los usuarios; se une la publicidad con la privacidad, lo reservado con lo íntimo, lo virtual con lo material, lo próximo con lo distante, lo inmediato con lo eterno, lo mínimo con lo infinito, lo disponible con lo vetado, todo ello por lo menos desde nuestra apreciación tradicional de las cosas, estamos pues ante un “sistema de cosas” o un “sistema de todo” que es una suerte de omnipresencia y omniconciencia, lo que nos obliga a repensar como vemos las cosas en el mundo.

 

Debemos adecuar nuestra manera de ver las finanzas, la economía, el derecho, la propiedad, la posesión, la privacidad, la intimidad, el anonimato, la transparencia, la riqueza, el dinero, el comercio, la filosofía, la informática, la sociología, la antropología, las matemáticas, la medicina, la nación, la patria, la gobernabilidad, la soberanía, de democracia y el Estado, y claro está, incluso la moral y la religión, y con ello revisar nuestra idea de su contenido, alcance y finalidad de sus instituciones.

 

Pero a pesar de toda esta novedad y este fenómeno, tal vez hay algo cada vez más seguro y de lo que Einstein bien pudo referir, y es que Dios no juega a los dados, y tal vez hoy, puede estar usando Blockchain y pagando en Bitcoin.

 

Foto tomada de: http://joselueng1.blogspot.com/2010/06/juega-dios-los-dados.html

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Abogado Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, Venezuela; Especialista en Derecho Procesal Constitucional. Universidad Monteávila, Caracas, Venezuela; Magister en Derecho Económico Europeo. Université de Droit, d’Economie et des SciencesD’Aix-Marseille, Aix-en-Provence, Francia; Maestrando en Derecho Procesal Constitucional. Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Argentina. Profesor Universidad Católica Andrés Bello y Universidad Monteávila. Director del Centro de Investigación y Promoción de Cultura Jurídica y miembro del Consejo Editorial de la Revista Electrónica de Investigación y Asesoría Jurídica de la Asamblea Nacional de Venezuela.