Kelsen, el amor, la justicia y la Constitución.

por | Feb 14, 2023 | Actualidad

Existen temas a los que le he dedicado gran número de cavilaciones que he encontrado con el tiempo muy vinculadas con mi particular forma de pensar, entender y de vivir la vida, muchas de las cuales he encontrado que pueden ir en contravía del ideario general.

Ideas y conceptos que en otras épocas tal vez no me atrevía a expresar abiertamente, tal vez porque en muchas ocasiones observaba como chocaban con ideas de otras personas que consideraba una suerte de «autoridad», pero que con el tiempo no encontraba justificación alguna de tales autoridades resultando muchas de ellas sofismas  y falacias que solo se sostenían por imposición del solo criterio de «autoridad».

De los temas esenciales que durante décadas han siempre rondando mi cabeza, excitan mi curiosidad y me animan a investigar, antes solo por inquietud personal que mantenía en mi intimidad de pensamiento, y más recientemente, debe ser que con la edad se va perdiendo el temor de enfrentar el imaginario común con ideas propias, se encuentran los temas del amor y las relaciones sentimentales con sus múltiples dimensiones y consecuencias, y el otro, el Derecho Constitucional, pero no en el sentido que mucha gente pueda imaginar, incluso abogados, que entienden el derecho, la ley, y especialmente la Constitución como orden o mandato y su aprendizaje y aplicación como repetición y acatamiento automático, ciego y acrítico, sino como manifestaciones e instrumentos para la libertad, estudiados y analizados de manera crítica..

Las ideas de amor y Constitución, en efecto son y han de ser fuentes e instrumentos de libertad, aunque como muchos de nosotros hemos podido ser no solo testigos, sino hasta víctimas, suelen en ocasiones ser utilizados por su desconocimiento, como herramientas de control, opresión y esquilmación de la libertad y vaciamiento de la vitalidad, ambos, tanto el amor como la Constitución.

Érase una vez, en la que en un momento coincidencialmente se unieron en mi mente y mi corazón las reflexiones sobre ambos existenciales temas, el amor, mientras atravesaba si bien no un desamor, si un distanciamiento del que a pesar de ser doloroso, ya empezaba a restringir la libertad, por lo que necesario era dejar ir si no era posible alcanzar una fórmula que mantuviese incólume tan sagrada condición de libertad, y el Derecho Constitucional, ya que estaba elaborando un trabajo que debía exponer en un seminario. No fue sino entonces, cuando en plena conferencia uno de los profesores ponentes concluía su presentación diciendo: «el Derecho Constitucional es el Derecho de la Libertad» a lo que en mi mente yo replicaba «así como es el amor… libertad, sin libertad, no hay ni amor… tampoco Constitución».

Pasaba el tiempo y esa máxima sembrada en mi mente ya germinaba, ¿Pero cómo iba yo a vincular amor y Constitución en un trabajo? o más aún amor y justicia,  que eran unos de esos brotes que empezaban a florecer. 

Pues allí en ese momento fue que nuestro harto conocido Kelsen hizo de las suyas para tomar protagonismo en el asunto proponiendo algunas de sus ideas, y no así como la famosa pirámide que jamás mencionó y se le atribuye (Si alguien sabe dónde Kelsen menciona la pirámide que me lo pase, no lo he conseguido aún), pero de lo que si hizo expresa referencia en uno de sus importantes libros -¿Qué es la Justicia?- fue al amor como fuente primera de felicidad, y también de desdicha, y su relación con la felicidad y la justicia.

Hans Kelsen, no obstante las observaciones que podamos hacer de su ideario, nadie puede decir que fue no fue un pensador influyente, del derecho en general y espacialmente el constitucionalismo. 

Una vez escuché a un muy importante filosofo del derecho afirmar «Es muy importante leer a Kelsen, hay que leer a Kelsen, fue una persona muy inteligente, lamentablemente estaba equivocado».

Pueden contarse en centenas las obras de y sobre Kelsen, y sin duda todas las ideas y referencias en sus trabajos tenían y tuvieron gran significado en lo que desarrollaba. Atrevámonos e intentemos adentrarnos en su mente e imaginar que pensaba cuando para explicar un tema tan complejo como qué es la justicia echa mano a la noción de amor como fuente primera de felicidad y de desdicha.

Leámoslo del propio iuspositivista:

«Sin duda, no puede existir un orden justo- vale decir, que garantice a todos la felicidad- si se entiende por felicidad lo que es en su sentido originario, esto es, lo que cada uno considera tal. En este caso, resulta imposible evitar que la felicidad de uno roce la felicidad de otro. Por ejemplo: el amor es la fuente primera de felicidad, aunque también la más importante fuente de desdicha. Supongamos que dos varones aman a una misma mujer y que ambos, con o sin razón, creen que sin ella no serían felices. No obstante, conforme a la ley- y tal vez conforme a sus propios sentimientos- esa mujer no puede pertenecer más que a uno de los dos. La felicidad de uno acarreará irremediablemente la desdicha del otro. No existe un orden social capaz de dar solución a semejante problema de manera justa, esto es, de hacer que ambos varones sean dichosos. Ni siquiera el célebre juicio del rey Salomón podría conseguirlo. Tal como se sabe, el rey resolvió que un niño cuya posesión disputaban dos mujeres, fuera partido en dos con objeto de entregarlo a aquella que retirara la demanda a fin de salvar la vida de la criatura. Dicha mujer, suponía el rey, probaría de esta suerte que su amor era verdadero. El juicio salomónico resultará justo únicamente en el caso que sólo una de las mujeres ame realmente a la criatura. Si las dos la quisieran y ansiaran tenerla- lo cual es posible e incluso probable- y ambas retirasen las respectivas demandas, el conflicto permanecería irresoluto. Por último, cuando la criatura debiera ser entregada a una de las partes el juicio sería, por supuesto, injusto pues causaría la desdicha de la parte contraria. Nuestra felicidad depende, con demasiada frecuencia, de la satisfacción de necesidades que ningún orden social puede atender.»

Cuentan que años antes de publicar su obra sobre la justicia, en 1949, durante un viaje de Kelsen por Sur América en el que lo acompañaba su esposa Grete en el que exponía su teoría pura del Derecho, se habría suscitado en Buenos Aires un muy tenso debate en francés entre Kelsen y Carlos Cossio, este último que propugnaba la teoría egológica del Derecho, quien retó a Kelsen a que citase un solo ejemplo de interferencia intersubjetiva que no fuera derecho, a lo que el austríaco le respondió: “Eh bien, mon vieux; faire l’amour…”, con lo que el debate habría culminado.

¿Qué crees que pensaba Kelsen?

¿Qué estaría sientiendo en ese preciso momento que afirmaba que el amor sin duda es fuente primera de felicidad… pero también de desdicha…?

Sería interesante saber, no nos queda otra que imaginarlo ¿estaría equivocado?

¿Habría estado transitando una fase de desamor? No lo se, lo que sin temor a equivocarme me atrevo a afirmar es que no estaba pensando en ninguna pirámide.

Feliz día del amor y la amistad a todos.

Caracas,14 de febrero de 2023.

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