El Síndrome de Estocolmo ante la tiranía popular

por | 13/Dic/2017 | Opinión

Por. Abg. Oreana Díaz Sánchez

@diazlawyer24

 

No resulta difícil hablar del Síndrome de Estocolmo cuando de regímenes autocráticos se trata. Los regímenes autocráticos nacen con el típico discurso populista de la colectivización, de la lucha de la población obrera y agraria, de ataques al “imperialismo”, de la lucha de las clases sociales, de la guerra de las razas, de la expoliación de la propiedad privada, entre otras cosas. Se justifica la falacia del discurso popular bajo la desavenencia del término “igualdad de derechos” para lograr sus objetivos. Sin embargo, la cara tras la  máscara del populismo, es la ambición de poder de personas, que con un grave resentimiento social, inclusive, sin tener los méritos o preparación necesarios, ni la debida educación política, buscan mandar para establecer su voluntad, irrespetando las libertades y los intereses de los otros, la pluralidad política y desnaturalizando la idea de la democracia y utilizando el derecho para lograr imponer sus objetivos.

 

Generalmente, son personas con una fuerte necesidad de adulación, que se presentan como “iguales” para tener el apoyo de las minorías de la pluralidad política, y convertirse, en una gran mayoría, la masa popular; una masa convencida de algún tipo de venganza social, que termina dispuesta a obedecer al gobernante con tal de ser “dignificada” en una justicia social, cuyo trasfondo la historia ya ha demostrado, se convierte en inequidad, desigualdad, desprogresión de derechos, ignorancia, adoctrinamiento, sumisión y pobreza.

 

La masa termina enamorada de una especie de “héroe” que promete rendición, cuando en realidad, sólo utiliza la ignorancia educativa y/o política de éstos, para sumar votos, hacerse del poder y convertirse en el todopoderoso del <pueblo>, que finalmente, lo someterá, para poder mantenerse con el cetro y el trono.

 

El germen del populismo ha sido un problema histórico para el desarrollo de toda Latinoamérica, que inicia con la degeneración del valor del ser humano libre y autónomo, provocando que la población tenga que valerse en masa, incapaz de valerse por sí misma, lo que implica, la necesaria intervención paternalista del Estado para que la sociedad pueda funcionar, lo que finalmente conlleva, a un agradecimiento desmedido de los ciudadanos a los gobernantes, por entender, que éstos le han hecho un favor, y no, que éstos cumplen con su obligación como administradores del poder público, lo que coloca a la masa a la disposición de las órdenes de los gobernantes, bajo un estado eterno de sumisión.

 

Además, el populismo, también ha generado en la conciencia del latinoamericano, algo más que un mero agrado poblacional por el discurso populista. El populismo se ha transformado en parte de la cultura latinoamericana, se ha metido en la psique de los ciudadanos de tal manera, que la centralización, el militarismo, el nepotismo, la burocracia y la autocracia, es observado por los latinoamericanos como algo propio y natural de la “sociedad democrática”,  y no como como lo que realmente es, una vía para lograr el absolutismo, el totalitarismo y la tiranía, siendo el caso, que la población termina rechazando, bajo una ignorancia inducida, la  descentralización, el gobierno de los civiles, los valores morales, la libertad, la propiedad y la dignidad humana.

 

La base de todo el problema del populismo se encuentra en el adoctrinamiento educativo que se ha generado en la cultura latinoamericana gobiernos tras gobiernos. Es necesidad de los gobiernos mantener a la población ignorante para evitar el control ciudadano en las actuaciones que estos ejercen dentro del Estado, lo que además de ser una vía para mantenerse los gobernantes indefinidamente en el poder, permite ser una vía para que éstos puedan ejercer libremente actos de corrupción y cometer el delito de peculado, sin ser sometidos a responsabilidad civil, administrativa o penal alguna por ello, puesto que termina siendo perdonado por el propio pueblo.

 

La educación, cada vez es menos libre y autónoma, y cada vez más, es dirigida por el gobierno de turno, como factor determinante. Sin embargo, algo tan importante para el desarrollo de las naciones y el mantenimiento de la democracia, como lo es la educación, no puede ser dejada plenamente su responsabilidad, e incluso, control, en manos del Estado.

 

A éste punto, vale acotar que de la educación depende el combate a la ignorancia, y mientras más controlada por el Estado ella se encuentre, menos libre y plural será la sociedad. Es por ello que el Estado no debe tener el poder de reformar sin límites o control del ciudadano la educación; un proyecto de reforma educativa, sin la debida consulta y autorización previa de la población, para ser legislada, es una vía segura al adoctrinamiento educativo, y por lo tanto, a la preeminencia de la ignorancia y el control de las masas. De la que siempre se va a valer aquellos que ambicionan el poder para imponer su voluntad, ya que una persona sin educación, es un voto sin conciencia, es un voto en masa, que permitirá pervertir la democracia.

 

De éste modo, el populismo logra que exista la tiranía de las mayorías, de la masa enamorada del gobernante que se ha convertido en el “héroe”, pero que al mismo tiempo, es el opresor, y como víctimas, han sido engañados, sometidos a la sumisión política en una falsa dignificación social, sumergida en una voluntad que no persigue el bien general de la unanimidad que conforma el Estado, que no respeta la existencia de la pluralidad política y social, lo que polariza el pensamiento, y aumenta el resentimiento entre los ciudadanos.

 

El Síndrome de Estocolmo ante la tiranía popular, es un modo de mantener en tiempos modernos a la sociedad dirigida, no existe un repudio al tirano, el pueblo siente empatía por quien ejerce control autoritario sobre ellos. Bajo éste síndrome, inclusive, se puede llevar a cabo elecciones en países que se encuentran sometidos bajo cualquier clase de régimen autocrático, y resultar quien oprime, vencedor, bajo una legitimidad electoral, por ser la expresión de la voluntad del propio pueblo oprimido, quien lo coloca o mantiene en el poder, y entablar regímenes autocráticos en los Estados, bajo vestigios de ilegítima democracia.

 

Fuente de Imágen: https://www.cartoonmovement.com/cartoon/23304

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