El terrorismo y otros males del Estado

por | 22/May/2017 | Opinión

Rubén Guía Chirino

@rguia

         La palabra terrorismo está siendo muy utilizada por los principales personeros de la dictadura venezolana; incluso si usted ha decidido ejercer su natural derecho a protestar y disentir, puede que califique como terrorista para esas personas y sus fuerzas de seguridad. Sin embargo, llama la atención que en un país donde los usurpadores gobernantes denuncian a diario el asedio del terrorismo, el sátrapa principal se pasea por la “zona dominada” por los presuntos grupos terroristas[1]. Otra curiosidad del terrorismo venezolano es la cantidad de adeptos que existen, los cuales llenan autopistas enteras, tal movimiento debe ser la envidia del ISIS. Pero esa consideración previa no es lo que nos llama a escribir estas líneas.

 

        Si usted ha cometido el acto terrorista de protestar en Venezuela, seguramente ha sufrido en mayor o menor medida los embates de la represión por parte de los órganos de seguridad del “estado” –en minúsculas–; si no es así, al menos ha podido observar por los distintos medios la actuación de esa guardia pretoriana, o lo que es o peor aún, observar los allanamientos arbitrarios a viviendas sin ningún respeto por los derechos o la legalidad, que solo tiene por fin neutralizar la resistencia; ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, juzgamientos ante pseudo tribunales militares, entro otro centenar de tropelías.

 

         Ante esa desproporcionada violencia represiva vale preguntarse: ¿Quién es el terrorista? Parece ser que es el “estado” –o mejor dicho sus secuestradores–.  Ante esta “situación de cosas”, cabe reflexionar que, por su naturaleza, el poder y el Estado son inconvenientes y liberticidas; es decir, una amenaza a los derechos de sus ciudadanos, por cuanto el primer transgresor de esos derechos es el propio Estado, ya sea a través de leyes, impuestos o políticas públicas. En conclusión, el Estado es un pasajero incómodo en circunstancias “normales” de un país en democracia, donde medianamente se respeten los derechos. Ahora, a ese pasajero incómodo, parece necesario sumarle otro mal latente, como lo es el terror como política de “estado”, el secuestro, la represión, la tortura y en fin el desconocimiento deliberado de cualquier tipo de orden jurídico, por lo que el terrorismo es un mal más del Estado.

 

         Frente a ese escenario, nos corresponde a todos los ciudadanos venezolanos, repensar el papel del Estado una vez sea rescatado de sus secuestradores, pues ya hemos visto como esa organización política ha crecido desproporcionadamente y con eso ha acumulado un poder nunca antes pensado en el panorama de nuestro país,   el Estado mínimo y sumamente sometido a la legalidad y sin posibilidad de ejercer políticas públicas que lleven a la servidumbre de la población, debe ser la guía para que Venezuela sea nuevamente un país próspero y libre de cualquier despotismo.

Fotografía de Mayra Chirino Ochoa

[1] https://www.youtube.com/watch?v=IhFfBgQ4G-s

 

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