Historias de diálogos entre Oslo, Caracas y Múnich.

por | 7/Jun/2019 | Actualidad

Recientemente (06/06/19) se conmemoraron los 75 años del desembarco de Normandía, operación militar que marcó el desmontaje material del sistema totalitario del nacional socialismo.


Miles son las reflexiones y aprendizajes que pueden extraerse de ese fatídico evento de la historia como lo fue la Segunda Guerra Mundial. Muchos de ellos relativos a la contienda bélica en sí, otros, como es el caso de mi atracción en el estudio del tema, desde la perspectiva de la instauración del régimen totalitario, que como todo régimen despótico hace uso de una retórica del llamado a la paz, a la patria, a la unidad, al diálogo y a la autodeterminación, no de manera genuina, sino como instrumentos de manipulación y ejecución de tropelías.


Sería casi imposible entender ese especial día 06 de junio de 1944, sin reflexionar sobre otro anterior sin el cual la guerra como tal jamás hubiese ocurrido, nos referimos al 29 de septiembre de 1938, cuando representantes de Inglaterra, Francia, Italia y Alemania, suscribieron el Acuerdo de Munich, mediante el cual instados por un propósito de paz y de autodeterminación postulado por el propio Hitler, se acordó que se le haría entrega pacífica de extensiones de terreno en la vecina Checoslovaquia, convenio que de forma muy general puede señalarse que consistió en ceder ante la garantía de paz que daba Hitler en no atacaría e invadiría Checoslovaquia y que se procedería en acatamiento irrestricto al principio de autodeterminación.


El resto de la historia lo sabemos, algunos con más detalles que otros, pero el hecho es que apenas un año después, en 1939, Hitler, como todo dictador y fiel a la naturaleza de estos bien descrita por Maquiavelo, irrespetando la palabra empeñada, no solo había agredido a Checoslovaquia y Polonia, sino que se enfilaba hacia Rusia por el oriente y hacía Francia por occidente.


En mayo de 1945 llegó a su fin la guerra respecto de la Alemania Nazi y poco después frente a Japón, y así el final de la guerra mundial, luego de la cual muchas otras guerras han continuado, unas no tan calientes sino frías, no tan mundiales pero igualmente globales, pero existiendo en ellas, como siempre en la historia, quienes haciendo llamados a la patria, al diálogo, a la autodeterminación de los pueblos y no injerencia exterior, a la paz y muchos otros fundamentos vacíos de contenido que no no son más que estratagemas.


Venezuela transita hoy en día los momentos más aciagos de su historia republicana, y no sería exagerado afirmar que la llamada revolución bolivariana y el socialismo del siglo xxi son tan perversos como el nacional socialismo, y hoy, como ocurriese entonces, nuevos llamados al diálogo y acuerdos se dan todos los días y en toda la geografía mundial, desde ayer Santo Domingo y hoy Oslo, con la diferencia de que hay quien pudiera señalar que el dictador Hitler y sus acompañantes tenían en 1938 mayor credibilidad en su palabra que la pudieran tener en 2019 sus pares caribeños.


Para culminar, sobre el episodio de 1938, alguien muy cercano hacía referencia a la frase que Peter Clemenza decía a Michael Corleone:

«… Hay que frenarlos desde el principio, como debieron haber frenado a Hitler en Munich, nunca debieron haberlo dejado que se saliera con la suya. Ellos  estaban únicamente buscando grandes problemas…»  («… you got to stop them at the beginning, like they should have stopped Hitler at Munich, They should’ve never let him get away with that. They were just asking for big trouble…»)

Sigo sin sacar ninguna única reflexión concluyente de ese extracto de la película El Padrino. 

Ojalá pudiéramos retroceder el tiempo 27, 20, 18, 15 o 6 años, siquiera, uno solo, todo sería diferente, no sabemos si mejor, pero no se puede. 

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