Me declaro en desobediencia civil frente a las normas APA.

por | 3/Jun/2019 | Actualidad

Y es en serio.

Es evidente que para la elaboración de una trabajo que cuente con rigurosidad académica y pretenda ser referente para ulteriores labores de investigación, debe cumplir con cierto orden y sistematización de las referencias y citas que permitan a los lectores y posteriores investigadores su más sencilla y directa ubicación, ello además de prevenir el grave pecado de los escritores e investigadores como lo es el plagio.

Hasta aquí todo va muy bien.

Pues ocurre que con tal propósito y no tengo dudas de que con las mejores intenciones, han surgido múltiples formatos y estilos en los que tales trabajos son elaborados, encontrándonos así a las normas MLA, Chicago, Harvard y las archi famosas y conocidas por los estudiantes y tesistas, las NORMAS APA.

¿Y qué son esas Normas APA? pues son estándares de estilo para asentar las citas textuales, referencias, fuentes, tamaño de papel, sangrías, entre otros, emanadas o dictadas de la Asociación Americana de Psicología -American Psicological Association-, de alli el nombre de APA.

No se pretende aquí analizar aquí la afinidad natural  o no de esa asociación con el área de la investigación académica y elaboración de tesis y otra clase de trabajos escritos, tampoco de sus intenciones, que reitero, no dudo que sean las mejores,  el asunto es que esas «normas» y su aplicación no pueden convertirse en un fin en sí mismas como hemos obsevado que ello ha ocurrido, ni resultar en formalismos que atenten contra lo verdaderamente sustancial que es el trabajo de investigación, formalismo que incluso me han comentado que fomenta situaciones corrumpentes como lo son casos que si determinados especialistas en «metodología de investigación» no asesoran al estudiante en su trabajo con el correspondiente pago de «honorarios» por tan minuciosa y detallada misión formal, difícilmente el trabajo en comentos, sea una tesis de grado o artículo académico pase la alcabala de suficiencia para su presentación y defensa, práctica que para algunos pudiera resultar tan condenable como la del plagio.

El hecho es que las «normas», sean cuales fueren, de la escritura, jurídicas, morales, como creación humana que son, están para hacer la vida del hombre más fácil, más libre, más cómoda, y si ellas restringen o atentan contra los propios hechos y circunstancias que justifican su existencia, simplemente deberán ser desconocidas, más si son de carácter adjetivo o instrumental, lo que en modo alguno significa que se desatiendan las normas propias de la lengua y más importante aún, se evite a toda costa el flagelo del plagio que ha permitido a muchos llegar a elevados puestos en la política.

En el caso de interés, es evidente que la norma y derecho fundamental no es la de forma y estilo, que son netamente instrumentales, lo es el derecho a la libertad de expresión y a su pleno ejercicio, a difundir el conocimiento y general riquesa intelectual, por lo que ante pretendidas imposiciones de formas y estilos que se presenten como fines en sí mismos resultando en formalismos excesivos, el rechazo y desconocimiento de tales se identifica con el legítimo derecho a la defensa de la libertad de expresión, que constitye un verdaderos derecho y verdadera norma, no así las APA y otras instrumentales, cuya naturaleza no es otra que la de simples recomendaciones .

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